El Saco de Plumas

 

Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.

Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:

  • "Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?"

a lo que el hombre respondió:

  • "Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas".

El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas.

Volvió donde el sabio y le dijo:

  • "Ya he terminado", _DSC9525

a lo que el sabio contestó:

  • "Esa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas".

El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna.

Al volver, el hombre sabio le dijo:

  • "Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".

"Cometer errores es de humanos y de sabios pedir perdón"

Soltar

 

Buda parecían dejarle impasible los insultos que le lanzaba aquel visitante.

Cuando, más tarde, sus discípulos quisieron saber cuál era el secreto de su imperturbabilidad, él dijo:

“Imaginad lo que ocurriría si alguien os ofreciera algo y no lo tomarais; o si alguien os enviara una carta y os negarais a abrirla: su contenido no os afectaría en lo más mínimo, ¿no es así? Pues haced lo mismo cuando os injurien, y no perderéis la calma.” Así, quien te enfade no te domina.

La única clase de auténtica dignidad es la que no sufre menoscabo con la falta de respeto de los demás. Por mucho que escupas a las cataratas del Niágara, no lograrás reducir su grandeza.

Flor

Parábola del oasis

 

A un oasis llega un joven, toma agua, se asea y pregunta a un anciano que se encuentra descansando

  • ¿Que clase de personas viven aquí?

El anciano le pregunta:.

– ¿Que clase de gente había en el lugar de donde tu vienes?

  • Un montón de gente egoísta y mal intencionada – replicó el joven.
  • Estoy encantado de haberme ido de allí.

A lo cual el anciano comento:

  • Lo mismo habrá de encontrar aquí.

Ese mismo día otro joven se acerco a beber agua al oasis y viendo al anciano preguntó:

  • ¿Que clase de personas viven en este lugar?

El viejo respondió con la misma pregunta: .

  • ¿Que clase de personas viven en el lugar de donde tu vienes?
  • Un magnifico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado.
  • Lo mismo encontrarás aquí, – respondió el anciano.

Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al viejo:

  • ¿Como es posible dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?

A lo cual el viejo contestó:

  • Cada uno de nosotros solo puede ver lo que lleva en su corazón.
  • Aquel que no encuentra nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa aquí ni en ninguna otra parte.
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Palabras Sabias


Cuando empezaba en el mundo del yoga, (de eso ya hace bastante tiempo) uno de mis maestros me dio un consejo inolvidable.
Me dijo:
No te equivoques;
Hablar perfectamente sánscrito, no quiere decir que sepas más,
Hacer las asuanas más complicadas, no quiere decir que seas mejor,
Ser técnico no quiere decir tener más conocimientos,
Un buen profesor es sencillo y humilde,  no es no importa lo bien que haga las posturas, si no como las explica.
Es el que comparte sus conocimientos de forma natural.
Y añadió:
En el camino te encontrarás muchos "maestros", que se creen mejores, que te darán lecciones, que te criticaran pero con su actitud lo único que hacen es definirse.
Con el tiempo he entendido el valor de estas palabras, palabras sabias.

Cuento


Una niña estaba en el zoológico admirando a los leones. En un momento de descuido, un león sacó su garra entre las rejas con la intención de atraparla. Un señor que observaba la situación tomó su paraguas y golpeó al león, empujándolo hacia atrás. ¡Había salvado a la niña de una muerte segura!


Un periodista de convicciones antirreligiosas publicó luego esta entrevista al héroe de la historia:

— ¿Cómo se atrevió a sacar a la niña de las garras del león con un paraguas?

Es que yo soy creyente —respondió el hombre—. Cuando vi que el león intentaba atrapar a la niña, recé a Dios para que me dijera qué hacer. El Señor me dijo que usara mi paraguas como Moisés se sirvió de su vara. Entonces le pegué al león en la cabeza.

El periodista, que odiaba a los religiosos, escribió en su artículo:

«Fundamentalista de ultraderecha agrede a inmigrante africano privándolo de alimento.»

Extraído de:  "Puedo superarme" - Bernardo Stamateas